Miércoles, 08 Feb 2012
 
 
Por qué desconfiar? Por qué no arriesgar?
Escrito por Jesus Rayas   


 

 Por qué somos desconfiados?

 Desconfiamos de quien nos ofrece su ayuda, de quien nos regala algo, de quien nos invita, de quien nos dice amig@, de quien nos dice te quiero. A veces recibimos todo sin dar nada a cambio. Sin embargo, seguimos desconfiando.

 Será que nos ha ido tan mal que, cuando nos tratan bien, nuestros mecanismos de defensa se accionan y se manifiestan a través de la desconfianza. La mayoría dice que no tiene miedo a confiar, a amar, a intentar de nuevo; más bien temen a ser engañados, a sufrir y a fallar de nuevo. Por tal motivo, ya no confían, ya no se arriesgan, ya no lo intentan de nuevo.

 

 En México decimos “¡El que no arriesga no gana!” y a mi me encanta arriesgar. Soy “doble de riesgo” de profesión y no por suplir actores en escenas de riesgo, sino porque siempre “arriesgo el doble”. Cual emulo del Quijote adoro enfrascarme en batallas perdidas contra los “gigantes” que atemorizan a los demás, para al final darme cuenta que sólo se trataba de molinos de viento que aullaban con fuerza aprovechando el viento a su favor.

 

 Comparable para mí es el confiar en los demás e intentar de nuevo con el andar en patineta (skateboard). Todo es cuestión de práctica, equilibrio y perder el miedo a las caídas.  

 

 Al principio es natural que tengamos miedo y más si ya hemos caído muchas veces en el pasado. Sin embargo, si confiamos y sabemos mantener el equilibrio, podremos disfrutar de todas y cada una de las experiencias que cada relación nos puede ofrecer. Entre más confianza menos temor, entre menos temor más equilibrio y entre más equilibrio menos caídas!

 

 Por supuesto que seguiremos cayendo, sin embargo cada vez el dolor será menor y nos levantaremos más rápido. Al igual que los molinos de viento, usando la energía de la caída a nuestro favor, más tardaremos en caer que en estar de pie nuevamente y listos para el siguiente intento.

 

 Con el tiempo confiaremos más y podremos dominar nuestro temor a nuevas relaciones y “nuevas caídas”. En caso de caer, podremos controlar la misma de tal forma que no saldremos lastimados. Paradójicamente, cuando dominemos perfectamente “el arte de caer sin lastimarnos” ya no habrá caídas.

 

 Así pues, de esta manera me doy cuenta que tratándose de confiar en los demás y en las nuevas relaciones (con personas o patinetas)…

 

 ¡TENEMOS MUCHO QUE GANAR Y NADA QUE PERDER!

 

 

 P.D.
 Dedicado a Ezequiel Rayas... Skateboarding is not a crime!

  

 -Anónimo- No, no es cierto…

  Jesús Rayas

  4to Dan Aikido Aikikai, FMA-Aikidojalisco
  01 Octubre 2010