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Los continuos y rápidos cambios de formas de vivir, aunados a la ausencia de valores estables de la civilización actual imponen al individuo un esfuerzo constante de adaptación que acaba por alterar su sistema regulador y su equilibrio psicológico. Pero, ¿cuál es la relación entre el Aikido y el problema existencial del hombre? ¿hasta qué punto constituye una terapia o camino que puede llevarle a la armonía?
El objetivo principal del Aikido es el de facilitar el descubrimiento de nuestra identidad , así como la coherencia en el comportamiento para alcanzar la armonía y la paz interior sin rechazar nada de lo que constituye la personalidad propia, tomando conciencia de todo lo que hay en nosotros susceptible de mejora.
El Aikido en sus prácticas permite a nuestra personalidad definirse tal cual es, en su conjunto , el deseo de ser el más fuerte, el instinto de combatividad, el miedo a la agresión, el sentido egoísta, la vanidad; es decir, todo aquello que motiva nuestras acciones ordinarias se manifiesta, pero no habiendo nada en el Aikido que favorezca el desarrollo de estos defectos, acaban por desvanecerse sustituidos por otras cualidades como la amistad, la solidaridad y la prosperidad mutua que la práctica va inculcando en el adepto.
Visto así, el Aikido se convierte en un Arte de autodisciplina en el que las técnicas no son más que el medio para conocer nuestras limitaciones y mejorar nuestras facultades físicas y psíquicas. La idea de el creador de este arte-forma de vida es la de neutralizar o desviar la agresividad del atacante, haciéndole ver palpablemente que la violencia es inútil o ineficaz.
La práctica del Aikido es un continuo adiestramiento en el dominio de sí mismo, enseñando al adepto a actuar sin cólera, sin miedo, y de acuerdo con las leyes naturales. El Aikido enseña a controlar al agresor, y a la vez a protegerlo del efecto de sus propias acciones, es decir, se le puede neutralizar e inmovilizar sin causarle ninguna lesión, ejerciendo un control absoluto sobre él, de tal forma que no tiene ninguna posibilidad de respuesta o contraataque.
Se aprende a erradicar el espíritu de oposición, de dualidad o antagonismo entre el agresor y el agredido, esto es, se aprende a ceder de tal manera que uno se hace dueño de la situación con tanta seguridad como para permitir la reflexión y el cambio de actitud del atacante.
El mensaje que el Aikido pretende inculcar a sus practicantes es el de serenidad de espíritu, el rechazo a la violencia, la no-resistencia, y el respeto a todos los seres. En los entrenamientos se enseña a actuar sin agresividad, sin brutalidad, sin ánimo de oposición ni de imposición.
Bajo el punto de vista ético, el Aikido es una excelente escuela de autodominio y de comportamiento social, al excluir la agresividad, las reacciones violentas y las actitudes provocadoras. Sus objetivos alcanzan así mismo todos los aspectos de la vida ordinaria del practicante y le ayuda a mantener una actitud serena, confiada y relajada ante cualquier circunstancia generadora de tensión, de angustia, de estrés, de ansiedad, de prisa, etc.
En una palabra, Aikido atiende a la formación total del ser humano, consecuente con la realidad de la interacción, e interdependencia del cuerpo y del espiritu.
Aunque esta introducción haya servido para captar la idea general del Aikido , su verdadero significado sólo podrá comprenderse a través de la práctica.
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