| Amar el Trabajo o dejar de trabajar |
| Escrito por Jesus Rayas |
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3 Mayo 2010, 20:00 horas. En estos momentos me encuentro en un Starbucks, deleitando un delicioso Té chai latte, preparado con leche de soya y un shot de vainilla. Estoy muy feliz de poder volver a saborear esta deliciosa bebida, ya que hacía seis meses que ni siquiera volteaba a ver algún Starbucks. ¿Cuál era la causa? Bueno, tengo años de disfrutar los productos y el servicio de Starbucks, sólo que últimamente venía notando que el servicio ya no era lo mismo; al atenderte te preguntaban tu nombre, pero no lo escribían en tu vaso (nada mejor que un vaso personalizado), tampoco anotaban la bebida que habías solicitado y eso provocaba que se equivocaran y en un par de ocasiones me entregaban pedidos diferentes, por esta y algunas razones más me había auto-castigado y privado de este maravilloso gusto a mi paladar. Claro que ahora estoy muy contento de volver al Starbucks más cercano, ya que estuve platicando con Bernardo, uno de mis alumnos y él me explicaba que muchas veces el personal después de algún tiempo cae en la rutina y la apatía, pero que me diera una vuelta, ya que la mayoría del personal era nuevo y ya estaban dando el servicio que tanto me agradaba. El año pasado en la visita anterior de mi Sensei a nuestra ciudad, le comenté acerca de esta situación, le explique que había leído el libro “La experiencia Starbucks” durante el viaje de regreso de uno de sus Seminarios y mientras más avanzaba en la lectura de este libro, mayor se hacía mi deseo por visitar un Starbucks al llegar a Guadalajara. Sin embargo, mi consternación se debía a que el servicio que recibía era muy diferente a lo que había leído ¿Sería acaso que el maravilloso servicio descrito en el libro sólo se daba en Estados Unidos? Debido a que mi Sensei vive en Estados Unidos desde hace varios años, le pregunté ¿Cuál consideraba fuera la causa de estas diferencias tan marcadas que observaba? A lo que Sensei me contestó:- La cultura laboral en México y Estados Unidos es muy diferente. En Estados Unidos la gente ama su trabajo, ama su empresa e incluso ama a su empleador. En Estados Unidos la gente dice “voy a mi trabajo”, “voy a mi empresa” y eso hace una gran diferencia, ya que en México la mayoría dice “tengo que ir a trabajar”, “voy a la empresa”, “voy a trabajar como negro, para vivir como blanco”, la mayoría quisiera ver la empresa, la fábrica, la Institución donde trabaja destrozada, acabada y con ella al patrón, el empresario o funcionario que encabeza la Institución y cuando todo sigue igual, sin cambio alguno (ni siquiera en nuestra actitud) terminamos por consolarnos con frases como “Hacen como que me pagan, hago como que trabajo”. La verdad, son palabras duras pero ciertas las de mi Sensei y es difícil de creer que esperemos que las cosas cambien sin cambiar primero nosotros; porque las estadísticas son escalofríantes, se dice que en nuestro país el cincuenta por ciento de los trabajadores detesta su trabajo y a un tercio del otro cincuenta por ciento le gustaría cambiar de empleo. “YO NO TRABAJO Y TENGO AÑOS SIN TRABAJAR PORQUE HAGO LO QUE ME GUSTA Y ME GUSTA TANTO QUE LO HARÍA SIN QUE ME PAGARAN POR ELLO, Y PORQUE LO HAGO CON TANTO GUSTO ME PAGAN POR ELLO” Además les comenté que la raíz de nuestra infelicidad laboral son las malas decisiones que tomamos y muchas veces estas decisiones comienzan desde el momento de elegir la profesión u ocupación a que nos dedicaremos, ya que muchas veces nos decidimos por ser Abogados, Médicos, Ingenieros o Políticos, no por gusto y convicción sino por los ingresos económicos; sin embargo, si nuestras decisiones tienen que ver con intereses monetarios, nunca lo que nos paguen será lo suficiente porque “Ningún pago es suficiente por hacer lo que no me gusta”. En cuanto a las quejas ¿Porqué quejarnos? Les comenté también que no acostumbro quejarme y si existe algún motivo para quejarme mejor actúo y me muevo de lugar, para que me entendieran mejor les conté la siguiente historia: Había una persona que todos los días salía temprano a correr al parque. Un día al pasar por un lugar del parque vio un perro sentado en el pasto cerca de un señor, al pasar por donde se encontraba el perro, el corredor se percató que este aullaba dolorosamente, pero no le tomo importancia. A la siguiente vuelta se dio cuenta que el perro seguía aullando y así sucesivamente cada vuelta, hasta que a la décima vuelta no pudo más y por curiosidad u caridad, se detuvo y le preguntó al señor: – “¿Es suyo este perro?” Y el señor le contestó – “Si, es mío” el corredor preguntó –“¿Y porqué aúlla tanto?” el señor contesta – “Es que está sentado sobre un clavo” ¡Sobre un clavo! – dijo el corredor y continuo –“¿Y PORQUÉ NO SE MUEVE? ¿QUÉ NO LE DUELE? ¡Por supuesto que le duele! –Afirmó el señor ¿Y por qué no se mueve de lugar? –preguntó el corredor “Bueno, es que le duele como para aullar… pero no le duele lo suficiente para moverse de lugar” –Aclaró el señor.
Por eso, cada vez que me sorprendo aúllan… perdón, cuando me sorprendo quejándome mejor me muevo de lugar para así poder amar el trabajo o dejar de trabajar, esto es: “Busco la forma de trabajar en lo que amo o encuentro la forma de amar mi trabajo”
Jesús Rayas 4to Dan Aikido Aikikai FMA – AikidoJalisco |



